¿Un guerrero reacio a la guerra? El sangriento legado de Colin Powell, de Irak a América Latina

Powell, que fue el primer Secretario de Estado afrodescendiente, el primer jefe del Estado Mayor Conjunto afrodescendiente —además del más joven— y el primer asesor de Seguridad Nacional también afro, falleció el 18 de octubre de un tipo de cáncer de la sangre y la enfermedad de Parkinson que lo hicieron vulnerable frente a la COVID-19. Ese mismo día, destacadas figuras estadounidenses, tanto republicanas como demócratas, realizaron numerosos homenajes en su honor. Sin embargo, en otras partes del mundo se recuerda a Powell de manera muy diferente. Hablamos con el periodista y escritor Roberto Lovato y con Clarence Lusane, activista, periodista y profesor de ciencias políticas en la Universidad de Howard. Lusane describe a Powell como “una figura política complicada que deja un legado complicado” cuya imagen pública estaba “en conflicto con muchas de las políticas impulsadas por el partido al que apoyaba y el Gobierno del que formaba parte”. Al evaluar el papel de Powell en las invasiones estadounidenses a distintas partes del mundo, desde Vietnam hasta América Central, Lovato afirma que “hizo carrera como buen soldado, apoyando las masacres estadounidenses en todo el mundo, pero eludiendo su responsabilidad en ellas”.

AMY GOODMAN: El presidente Biden ordenó que las banderas de la Casa Blanca ondeen a media asta en honor al general Colin Powell, quien murió el lunes 11 de octubre a la edad de 84 años. Powell fue la primera persona negra en ser secretario de Estado de EE.UU., la primera persona negra y la más joven en desempeñarse como jefe del Estado Mayor Conjunto y la primera persona negra en ejercer de asesor de Seguridad Nacional. El lunes, Powell fue homenajeado tanto por los líderes republicanos como por los demócratas. El presidente Biden describió a Powell como un “patriota de incomparable honor y dignidad”.

Sin embargo, en otras partes del mundo Powell es recordado de forma muy diferente. En Irak, el periodista Muntadhar al-Zaidi, que se hizo famoso por lanzarle un zapato al presidente George W. Bush, tuiteó que lamentaba que Powell hubiera muerto sin llegar a ser juzgado por sus crímenes en Irak. Mientras se desempeñaba como secretario de Estado de Bush, el general Powell jugó un papel fundamental en allanar el camino para la invasión estadounidense de Irak. El 5 de febrero de 2003, Powell habló frente al Consejo de Seguridad de la ONU y expuso las razones para iniciar un ataque preventivo contra Irak. El mensaje de Powell fue claro: Irak poseía armas de destrucción masiva de extrema peligrosidad y Saddam Hussein estaba sistemáticamente tratando de engañar a los inspectores de la ONU escondiendo las armas prohibidas.

COLIN POWELL: Una de las cosas más preocupantes que emerge de los extensos archivos de inteligencia que tenemos sobre las armas biológicas de Irak es la existencia de instalaciones de producción móviles para la fabricación de agentes biológicos. Déjenme mostrarles el contenido de ese archivo de inteligencia y compartir con ustedes la información proveniente de testigos presenciales. Tenemos descripciones de testigos directos de fábricas de armas biológicas sobre ruedas y rieles. Los camiones y vagones de tren son trasladados fácilmente y están diseñados para evitar ser detectados por los inspectores. En cuestión de meses esas fábricas pueden producir una cantidad de agentes biológicos similar a la cantidad total que Irak afirmó haber producido en los años anteriores a la Guerra del Golfo.

AMY GOODMAN: Todas las principales afirmaciones de Colin Powell sobre las armas de destrucción masiva resultaron ser falsas. Posteriormente, Powell describió ese discurso como una “mancha” en su historial. Pero el discurso de 2003 no fue la primera vez que el general Powell había alegado falsamente que Irak tenía armas de destrucción masiva. En 1991, durante la Guerra del Golfo Pérsico, Estados Unidos bombardeó la única fábrica de leche para bebés de Irak. En aquel momento, el general Powell afirmó: “Ese lugar no es una fábrica de leche para bebés. […] Era una fábrica de armas biológicas, de eso estamos seguros”. Pues bien, los investigadores de la ONU confirmaron después que la fábrica bombardeada era de hecho una fábrica de leche para bebés. Mientras que muchos en Irak consideran a Powell un criminal de guerra, al igual que a George W. Bush y Dick Cheney, en EE.UU. sus acciones han sido celebradas durante mucho tiempo. Colin Powell nació en Harlem en 1937. Sus padres eran ambos inmigrantes de Jamaica. Estudió en el sistema público, incluyendo el City College de Nueva York, y posteriormente se unió al Ejército a través del programa de reclutamiento ROTC. Estuvo desplegado dos veces en Vietnam. Más tarde fue acusado de ayudar a encubrir la masacre de My Lai, en la que soldados estadounidenses masacraron unos 500 civiles, la mayoría de ellos mujeres, niños y adultos mayores. Mientras investigaba un testimonio de un soldado sobre lo ocurrido, Powell escribió: “En refutación directa de esta descripción está el hecho de que las relaciones entre los soldados estadounidenses y el pueblo vietnamita son excelentes”, declaró. Powell pasó 35 años en la fuerza armadas, ascendiendo hasta ocupar la jefatura del Estado Mayor Conjunto. En la década de 1980, Powell ayudó a delinear la política militar de EE.UU. en América Latina en una época en la que las fuerzas y grupos armados respaldados por EE.UU. mataron a cientos de miles de personas en El Salvador, Nicaragua, Guatemala y otros países. Powell también ayudó a supervisar la invasión estadounidense de Panamá y la Guerra del Golfo Pérsico. Desde el año 2001 hasta 2005 Powell se desempeñó como secretario de Estado del Gobierno de George W. Bush. Tras trabajar bajo las órdenes de tres presidentes republicanos, Powell fue noticia en 2008 cuando respaldó la candidatura de Barack Obama a la presidencia a tan solo dos semanas de las elecciones. A principios de este año, tras la insurrección del 6 de enero en el Capitolio de EE.UU., Powell dijo que ya no se consideraba un republicano. El general Colin Powell murió el lunes 18 de octubre. Su familia dijo que murió por complicaciones relacionadas con la COVID-19. Powell estaba luchando contra el Parkinson y contra un mieloma múltiple, por lo que se encontraba severamente inmunodeprimido. Para hablar más sobre la vida y el legado de Powell nos acompañan dos invitados. Roberto Lovato, periodista galardonado y autor de “Unforgetting” (Inolvidable), unas memorias sobre familia, migraciones, pandillas criminales, y revoluciones en las Américas. Lobato ha seguido de cerca el historial del general Powell en Latinoamérica. También nos acompaña Clarence Lusane, profesor de la Universidad de Howard y autor de varios libros, entre ellos “Colin Powell y Condoleezza Rice: política exterior, raza, y el nuevo siglo estadounidense”. Profesor Lusane, empecemos por usted. Háblenos del legado de Colin Powell.

CLARENCE LUSANE: Gracias, Amy. Y gracias a sus otros invitados. Bueno, Powell deja un… Powell era una figura política complicada y se va dejando un legado complicado. Como se describió en la introducción, Powell ascendió desde lo más bajo y esa historia realmente cautivó a mucha gente. Powell creció en un entorno pobre o al menos de bajos ingresos de Nueva York y llegó a convertirse en el cuarto en la línea de sucesión presidencial, cuando llegó al cargo de secretario de Estado. A principios de la década de 1990, tanto el Partido Republicano como el Demócrata trataron de convencerlo para que se postulara para la presidencia. Rechazó la oferta en 1995. Y cuando la rechazó, anunció que iba a unirse al Partido Republicano. Ahora bien, el Partido Republicano al que se unió en 1995 era el de Newt Gingrich, y Powell parecía no encajar bien. Colin estaba a favor del aborto, de la acción afirmativa, de la inmigración, y del control de armas, y el Partido Republicano, tanto durante la época de Newt Gingrich como después, ha estado en contra de todo eso. Como usted dijo, Powell formó parte del Gobierno de George W. Bush, es más, fue la primera persona elegida por George W. Bush para formar parte de su gabinete, porque Powell era la persona con más peso y respeto internacional de todas las que rodeaban a George W. Bush. Pero realmente nunca encajó. En los primeros ocho o nueve meses de la presidencia de George W. Bush, Powell perdió una pelea tras otra cuando Dick Cheney, Donald Rumsfeld y otros, los llamados neoconservadores, los neocon, estaban al mando del Gobierno. Y parecía bastante seguro que Powell no iba a aguantar hasta fin de año. Pero luego ocurrió el 11 de septiembre. Powell, el soldado siempre leal, decide quedarse, pero sigue muy aislado. Él mismo contó que básicamente lo veían como a un cartón de leche. Lo ponían en el refrigerador, y cuando lo necesitaban lo sacaban del estante, y luego lo volvían a meter. Lo sacaron del estante en 2003 para hablar en la ONU porque no había nadie más en ese Gobierno que pudiera captar la atención y ganarse el respeto, al menos de forma tardía. Colin Powell fue y dio ese discurso, que era totalmente falso. Pero Powell era el único miembro del Gobierno… Y, por supuesto, un año y medio después dejó su cargo. Pero Powell es una figura complicada porque por muchos motivos no encajaba en el Partido Republicano, a pesar de que no lo abandonó hasta este mismo año. Pero él y cualquier moderado, particularmente afroestadounidenses moderados, simplemente no tenían lugar en el Partido Republicano. Así que Powell apoyó a Obama, a Biden y a Hillary Clinton, o al menos votó por ellos. Así que en realidad él hace años que había abandonado el Partido Republicano. Pero no era realmente un demócrata o no era visto como un progresista, de nuevo, debido a una larga historia de agresiones internacionales, desde Reagan y los contras y toda las controversias de la política exterior de los 80, y luego durante la presidencia de Bush, que no solo incluye Irak sino también las políticas de Bush hacia Cuba, Venezuela, así como sus políticas en África, y todo eso hizo que Colin Powell estuviera cada vez más aislado de los sectores progresistas.

JUAN GONZÁLEZ: Me gustaría preguntarle sobre la necesidad tanto de los demócratas como de los republicanos de alabar y apoyar repetidamente a Powell, y, luego, como secretario de Estado y como una importante figura estadounidense, dado el hecho de que el Ejército de EE.UU., de entre todas las instituciones de la sociedad estadounidense, es la más racialmente diversa, creo que el Ejército de EE.UU. tiene alrededor de un 40% de personal de color. ¿Podría hablar sobre la importancia de Powell como figura, dados los datos demográficos y los cambios que ha experimentado el Ejército estadounidense?

CLARENCE LUSANE: Gracias, Juan. Parte del capital político de Powell proviene precisamente del hecho de que él llega a lo más alto de una institución, una de las pocas, que parece no haberse visto manchada por la polarización partidista. Powell ascendió hasta llegar a la jefatura del Estado Mayor Conjunto. Powell no tiene una personalidad beligerante, algo que lamentablemente vemos cada vez más en las figuras militares y políticas, e incluso ejercía cierto activismo al abordar cuestiones de raza. El asunto es que cuando pensamos en conservadores afroestadounidenses que son cercanos o pertenecen al Partido Republicano, pensamos en gente como Clarence Thomas o Candace Owens. Pero ha habido conservadores afroestadounidenses que han tomado posiciones en apoyo de asuntos relacionados con la comunidad negra y han apoyado y tenido un rol activo en el movimiento de los derechos civiles. Powell encaja en ese grupo, y eso le dio algo de prestigio. Powell habló en mi graduación en la Universidad de Howard en 1994 y habló de racismo y de temas relacionados con el compromiso social. Algo que no vas a escuchar de prácticamente ningún republicano afroestadounidense actual. Así que eso le dio a Colin Powell una imagen pública diferente, que, repito, entraba en conflicto con muchas de las políticas del partido al que él apoyaba y del Gobierno del que formó parte.

JUAN GONZÁLEZ: Me gustaría también traer a la conversación a Roberto Lovato. Roberto, me preguntaba si podría hablar sobre… La gente se olvida de que durante la invasión de Panamá Colin Powell no solo fue una figura clave, sino que el secretario de Defensa en aquel momento era Dick Cheney.

ROBERTO LOVATO: Sí. Gracias, Juan y Amy. Me alegro de estar aquí de nuevo. La historia de Colin Powell en Centroamérica y en otras partes del mundo es lo que yo llamaría una trágica historia de militarismo al servicio de un imperio en declive. Y también fue una muestra de lo que yo llamo la época del imperio interseccional, sobre lo que Clarence ya habló un poco, y que tiene que ver con cómo se está usando la raza de forma consensuada por las élites militaristas de ambos partidos en EE.UU. Por lo tanto, cabe recordar que lo de Panamá ocurre justo después de otras intervenciones estadounidenses en Centroamérica, como en El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua, y, a su vez, eso fue precedido por la guerra de Vietnam, cuando se vio un declive en la moral y las sensibilidades del Ejército de EE.UU., debido a la severa derrota sufrida en Vietnam. Y Powell fue parte de ese grupo de líderes que trataron de determinar cómo crear una actitud post-Vietnam para la maquinaria militar estadounidense. Pero quiero dejar claro que la doctrina de Powell, consistente en usar una fuerza abrumadora, lograr un apoyo social a las guerras de EE.UU., definir de forma clara los objetivos para la seguridad nacional y otras cosas que caracterizan lo que ellos llaman la doctrina Powell-Weinberger, sigue siendo parte de la política bélica de EE.UU. Así que la carrera política de Colin Powell fue una cosa en lo que respecta a temas raciales y a su posición a favor del aborto, pero por otro lado muy clara en relación al militarismo. En el barrio El Chorrillo, al que los taxistas de Panamá todavía llaman el “pequeño Hiroshima”, cientos de personas murieron. Y aún se siguen excavando fosas comunes de la época de la invasión de Panamá. Recordemos que antes de eso Powell fue asistente del entonces secretario de Defensa durante la presidencia de Reagan, Caspar Weinberger, quien fue el encargado de la supervisión de la política militar en Centroamérica, donde, en lugar de involucrarse en lo que ellos llamaron una “guerra asimétrica” como lo hicieron en Vietnam y acabaron siendo vencidos, los militaristas, como Colin Powell, decidieron evitar ese tipo de guerra y luchar a través de alianzas con grupos armados locales, lo que les permitiría enfocarse en aumentar su capacidad para afrontar guerras militares entre países. Por lo tanto, la lucha contra Manuel Noriega, también librada bajo falsos pretextos, fue un adelanto y una preparación para la guerra entre países que posteriormente se libró en Kuwait e Irak.

AMY GOODMAN: Clarence Lusane, en el contexto de la invasión estadounidense de Panamá, que Powell encabezó, ¿puede hablar sobre las víctimas fatales en dicho país? No estamos hablando solo desde un enfoque abstracto o intelectual de las políticas estadounidenses.

CLARENCE LUSANE: No, eso es correcto, como acaba de describirlo Ron [sic]. De hecho, yo fui a Panamá. Fui con otro reportero llamado Stan Woods, de Chicago. Llegamos después de la invasión y lo que vimos fue horrible. Como ya se mencionó, había fosas comunes. Había barrios totalmente destruidos. EE.UU. bombardeó los barrios pobres y eso hay que dejarlo claro. Los barrios ricos fueron meticulosamente evitados mientras se bombardeaban vecindarios que no solo habían sido activos políticamente sino que, en definitiva, eran representativos de la población del país. Fue una invasión horrible y Powell no dijo nada al respecto. Fue similar a otros operativos militares llevados a cabo por los Gobiernos de Bush y de Reagan. Powell guardó silencio sobre las consecuencias de estas intervenciones, sobre las miles y miles de personas que… Sí, cientos de miles de personas murieron en Irak, pero ciertamente miles de personas murieron en Panamá, Y nadie ha rendido cuentas por esa particularmente horrible invasión.

AMY GOODMAN: Y esa era en gran medida población negra de Panamá.

CLARENCE LUSANE: Eran afropanameños, exactamente.

AMY GOODMAN: Roberto Lovato, hable un poco sobre los años anteriores a la invasión de Panamá. Explique el escándalo Irán-Contra y el papel del entonces general Powell. La invasión de Panamá se produjo durante el mandato de George H. W. Bush, mientras que el escándalo Irán-Contra sucedió cuando Bush era vicepresidente del Gobierno de Ronald Reagan. Hablamos del acuerdo ilegal de venta de armas a Irán, tras el cual se usó ese dinero para apoyar ilegalmente a los contras, algo que, en el momento, violó la Enmienda Boland, que establecía que EE.UU. no podía apoyar a los grupos contrarrevolucionarios en Nicaragua.

ROBERTO LOVATO: Hay que recordar que Powell era, como él mismo dijo, “el principal promotor en el Gobierno” a favor de los contras. EE.UU. patrocinó una insurgencia con el objetivo de derrocar al Gobierno sandinista nicaragüense. La organización Human Rights Watch y otras organizaciones alrededor del mundo han documentado decenas de miles de personas muertas, monjas violadas y menores destrozados por los contras. Colin Powell dijo luego textualmente que no se arrepentía del papel que desempeñó y que además luchó bastante para obtener apoyo para los contras. Como asesor militar de Caspar Weinberger, Powell tenía acceso a información sobre el acuerdo para intercambiar armas por rehenes y para financiar a los contras, pero pudo evadir cualquier acción legal, a diferencia de Weinberger, quien fue acusado y condenado, y luego, creo, perdonado gracias al cabildeo por parte de Colin Powell. Así que Powell demostró ser hábil no solo en cuanto a, de alguna forma, ayudar en la restructuración del Ejército tras la guerra de Vietnam, sino también al evadir cualquier juicio a nivel político, como vimos tras la masacre de My Lai y tras el escándalo Irán-Contra. Así que esa idea de que la única, entre comillas, “mancha” en su historial son las mentiras acerca de Irak es una farsa, porque Powell basó su carrera en ser un buen soldado y apoyar las masacres cometidas por EE.UU. en el mundo sin que se le señalara por ello. Eso es todo en cuanto al tema.

JUAN GONZÁLEZ: Sí. Roberto, ¿podría hablar un poco sobre, por ejemplo, el legado de Powell en cuanto a la dotación de armas y entrenamiento al Ejército salvadoreño, además de su relación con José Napoleón Duarte, quien era el presidente de El Salvador en la década de 1980?

ROBERTO LOVATO: Sí. Powell fue uno de los designados por el Gobierno de Reagan para los asuntos relacionados con Centroamérica y, como tal, ayudó a orquestar y luego legitimar, cuando fue necesario, las dictaduras militares salvadoreñas y los Ejércitos de Guatemala y de otros países de la región que fueron responsables de las muertes de cientos de miles de inocentes. En el caso de Guatemala, fueron unos 200.000 o más, en su mayoría indígenas mayas. En 1983, por ejemplo, Powell hizo parte de una especie de misión de evaluación, que incluía a Jeane Kirkpatrick y a Weinberger, con la que visitó El Salvador para confirmar si el Gobierno y el Ejército de ese país estaban haciendo lo correcto bajo el mando de Duarte. Efectivamente concluyeron que sí estaban haciendo lo correcto y que EE.UU. debía seguir financiando fuertemente y entrenando a estos militares homicidas. Powell nunca dijo nada sobre el hecho de que solo un año antes y un par de años antes, la masacre del Sumpul, en la que unas 600 personas fueron asesinadas, fue perpetrada por el Gobierno salvadoreño con el respaldo de EE.UU., ni sobre que en la masacre de El Mozote, en la que mil personas murieron y un pueblo entero fue arrasado, la mitad de las víctimas eran menores de 12 años y la mitad de ellas eran menores de 6 años. Colin Powell parecía no tener memoria de eso, al igual que Elliott Abrams, otro criminal de guerra en mi opinión. También se ignoró por completo la masacre de El Calabozo, entre otras. Entonces, vemos que Powell desempeñó un papel en Centroamérica a través de los años, desde principios de los 80 hasta el final de la guerra. También sabemos que él era muy sofisticado e inteligente en su forma de adaptarse a los tiempos, así que si una situación requería adoptar una línea dura, como en los inicios de la era Reagan, él estaba allí. Otro ejemplo es el de 1989, cuando la guerrilla del FMLN lanzamos una ofensiva contra la capital, San Salvador, básicamente para demostrarle al Gobierno de EE.UU. y al Gobierno salvadoreño, al cual EE.UU. apoyaba, que no podrían vencer a la guerrilla del FMLN. Y eso funcionó. La ofensiva demostró que la guerrilla podía entrar en la capital y luchar en sus propios términos. Al ver esto, Powell y el Gobierno de Bush dieron un giro en su postura y presionaron al Gobierno salvadoreño a buscar un acuerdo de paz. Ahora bien, algunos historiadores dirán que Powell era casi un pacifista, un liberal, lo cual, si se le compara con Alexander Haig por ejemplo, u otros completos fascistas, tal vez sí. Pero en el esquema más amplio del imperialismo y militarismo, Colin Powell fue siempre un miembro leal al imperio asesino.

AMY GOODMAN: Veamos un extracto del discurso de Colin Powell en 2003 ante la ONU, en el que acusó falsamente a Irak de poseer armas de destrucción masiva.

SECRETARIO DE ESTADO COLIN POWELL: Cada declaración que hoy doy está respaldada por fuentes, fuentes sólidas. Estas no son aserciones. Lo que estamos presentando son hechos y conclusiones basadas en sólidas informaciones de inteligencia.

AMY GOODMAN: Todas las principales afirmaciones del general Powell sobre las armas de destrucción masiva resultaron ser falsas. Pero en ese momento, la mayoría de los medios confiaron en su palabra. La invasión de Irak comenzó seis semanas después de que pronunciara ese discurso en la ONU. El mismo Powell reconoció que ese sería el final para muchos, porque él se había autodeclarado un “guerrero reacio [a la guerra]”. Powell había apoyado la guerra sin estar totalmente convencido y el presidente Bush quería que ese apoyo fuera la voz y la imagen de dicha guerra. En 2013, Democracy Now! entrevistó al coronel Lawrence Wilkerson, quien trabajó como jefe de personal del secretario de Estado Colin Powell de 2002 a 2005. Wilkerson ayudó a preparar aquel discurso de Powell ante la ONU, el cual este último repudiaría más tarde. Wilkerson dijo que el propio Powell no confiaba mucho en los informes de inteligencia y quería borrar del discurso cualquier referencia a los vínculos entre al-Qaeda y Saddam Hussein.

LAWRENCE WILKERSON: El momento trascendental fue cuando estábamos en Langley y Colin Powell estaba preparándose para sacar todo lo que tuviera que ver con terrorismo de su presentación, en particular, contactos sustanciales entre Bagdad y al-Qaeda. Estaba realmente enojado. Me llevó a un cuarto en privado y prácticamente me atacó al respecto. Yo le dije: “Jefe, quitemos eso. Tengo tantas dudas sobre ello como usted. Saquemos eso del discurso”. Así que allí mismo tomamos la decisión de sacarlo. Media hora después de que el secretario Powell tomara esa decisión y me indicara que lo hiciera, George Tenet apareció con una noticia bomba. La noticia era que un importante agente de al-Qaeda había revelado, bajo interrogatorio, contactos sustanciales entre al-Qaeda y Bagdad.

AMY GOODMAN: Acabamos de escuchar al jefe de personal del ex secretario de Estado Colin Powell, el coronel retirado del Ejército Lawrence Wilkerson. En 2009, Sam Husseini, de la organización sin ánimo de lucro Institute for Public Accuracy, le preguntó a Colin Powell sobre las afirmaciones infundadas que hizo durante su discurso en la ONU, que se basó en parte en informaciones falsas proporcionadas por prisioneros que habían sido torturados.

SAM HUSSEINI: General, ¿puede hablar del caso de al-Libi y del vínculo entre las torturas y la obtención de pruebas para justificar la guerra a través de esas torturas?

COLIN POWELL: No tengo ninguna información sobre el caso de al-Libi.

SAM HUSSEINI: ¿Puede decirnos cuándo se enteró de que algunas de las pruebas que presentó en su discurso ante la ONU fueron obtenidas bajo tortura? ¿Cuándo se enteró de eso?

COLIN POWELL: No lo sé. No sé a qué información se refiere, por lo tanto no puedo contestar.

SAM HUSSEINI: Su jefe de personal, Wilkerson, ha escrito sobre esto.

COLIN POWELL: ¿Y qué? [inaudible] al señor Wilkerson.

SAM HUSSEINI: Uno esperaría que usted supiera eso.

COLIN POWELL: La información que presenté ante la ONU fue examinada por la CIA. Cada palabra provino de la CIA. Y ellos defendieron toda esa información. No tengo conocimiento de que ninguno de ellos creyera que hubo torturas. No es un hecho que yo conozca. Hay mucha especulación, en particular por parte de quienes nunca asistieron a esas reuniones. Pero no tengo conocimiento de eso.

AMY GOODMAN: Clarence Lusane, quiero darle la última palabra. Seguimos hablando de ese discurso, que más tarde Powell calificaría como una “mancha” en su carrera.

CLARENCE LUSANE: Hay que recordar que en esa época toda la comunidad internacional se oponía a la invasión. Y cuando Colin Powell y el Gobierno de Bush dijeron que estaban examinando esa información, no solo no estaban escuchando a sus aliados, sino que estaban ignorando lo que la propia ONU estaba haciendo. Básicamente, la ONU había comprobado que no había armas de destrucción masiva. Pero el Gobierno de EE.UU. estaba decidido a ir a la guerra, y Colin Powell básicamente accedió a eso, al igual que lo hizo antes de ese discurso, cuando en la Conferencia Mundial contra el Racismo Estados Unidos e Israel fueron los únicos dos países que se retiraron, y al igual que lo hizo después de la invasión a Irak en relación con otras políticas del Gobierno de George W. Bush, hasta finalmente ser forzado a dimitir. Por lo tanto, ese historial debe ser tenido en cuenta. No hay forma de embellecerlo. Fue algo atroz. Y, de nuevo, cientos de miles, y según algunas estimaciones, hasta un millón de personas murieron como resultado de esa guerra.

AMY GOODMAN: Y miles de tropas estadounidenses permanecen aún en Irak. Clarence Lusane, gracias por estar con nosotros, profesor de la Universidad de Howard, autor de “Colin Powell y Condoleezza Rice: política exterior, raza, y el nuevo siglo estadounidense”. Gracias también a Robert Lovato, periodista salvadoreño-estadounidense y escritor. Su libro de memorias se titula “Unforgetting” (Inolvidable), unas memorias sobre familia, migraciones, pandillas criminales, y revoluciones en las Américas. Regresaremos en 30 segundos con una entrevista exclusiva para Democracy Now!: una conversación con Jean Montrevil, conocido activista haitiano-estadounidense por los derechos de los inmigrantes, quien fue deportado a Haití hace varios años. Ahora, en un importante giro de su caso, se le ha permitido volar de regreso a Nueva York. Quédense con nosotros.

FUENTE: LaRed21