Los retos que encontrará el neofascismo en su regreso al poder en Italia: ¿Podrá imponer su agenda ultraderechista?

La ultraderecha vuelve al poder en Italia, por primera vez desde la II Guerra Mundial, de la mano del partido mussolinista y fascista Hermanos de Italia (Fratelli d’Italia), y su líder Giorgia Meloni se perfila como la nueva primera ministra del país, con el apoyo de la coalición de derechas, conformada por la ultraderechista La Liga, y la derechista Forza Italia, liderada por Silvio Berlusconi.

Si es confirmada en el cargo, Meloni y su Ejecutivo se enfrentará a diversos desafíos, como el primer invierno sin el gas ruso, sucesivos (y esperables a futuro) aumentos en los precios de la energía para los consumidores, la posición del Estado italiano respecto a la guerra en Ucrania, y la desaceleración de la economía italiana y de la eurozona.

Los discursos ultranacionalistas de Meloni, que apostaron a lo emotivo y romántico de la “identidad italiana” que promete proteger, posiblemente choquen contra la realidad de la institucionalidad: el poder en Italia está diversificado y limitado para evitar autocracias o concentraciones de poder en manos de una sola persona.

Meloni tendrá que negociar y gobernar en conjunto con el presidente, Sergio Mattarella, y con la recientemente elegida presidenta de Tribunal Constitucional, Silvina Sciarra, ambos conocidos por ser centristas inamovibles y firmes cumplidores de la Constitución.

También está a cargo de la potencial primera ministra la designación de su gabinete ministerial: cualquiera que sea la composición de este cuerpo ejecutivo, debe ser refrendado por Mattarella, por lo que no le será fácil colocar individuos con posiciones ultraderechistas o fascistas sin que sean rebotados por el presidente.

No avanzaría contra derechos adquiridos

También, el Tribunal Constitucional puede echar por el suelo legislaciones que considere contrarias a la Constitución. Analistas italianos dicen que no se esperan giros vertiginosos a nivel legislativo en temas sociales o familiares. Este tema fue uno de los que más capitalizó Meloni, hablando de la llamada “familia natural” y reforzando que ella, como sus ideas, se apegan al ideario católico de la familia “tradicional”.

Sobre la natalidad, el margen de maniobra es particularmente pobre: podría intentar algún paquete de ayudas económicas para incentivar que las parejas más jóvenes tengan hijos, pero la infladísima deuda pública no le permitiría lograr algún avance en este particular.

Tampoco se espera que Meloni avance contra el aborto legal, vigente en Italia desde 1978, ya que esta goza de un amplio apoyo entre la ciudadanía: sería una movida riesgoza dado el antecedente del referéndum de 1981, cuando colectivos ultraconservadores y partidos de derecha perdieron un referéndum para derogarla con más de 70% de rechazo.

Pasa lo mismo con los derechos de las personas homosexuales, ya que desde 2016 se permite el matrimonio entre personas del mismo sexo y, aunque Meloni ha utilizado el trillado concepto de la “ideología de género”, tendría que pasar por el Parlamento, el presidente y el Tribunal Constitucional para derogar este derecho adquirido.

Inmigración y relación con la UE

Entre lo poco en lo que tiene capacidad de acción está el tema de la inmigración ilegal: ha dicho que movilizaría mayores recursos para controlar las fronteras terrestres y marítimas, y que frenaría el ingreso de embarcaciones con inmigrantes ilegales a aguas territoriales italianas.

Esta no es una promesa novedosa: cuando su socio político, Matteo Salvini, estuvo en el gobierno de Giuseppe Conte, entre 2018 y 2019, prometió exactamente lo mismo respecto a la inmigración, pero el derecho internacional y las normativas de la Unión Europea pusieron un contundente alto a sus aspiraciones nacionalistas. En este sentido, el Tribunal Europeo puede frenar cualquier intento de avasallar derechos humanos de las personas migrantes, si Meloni parte de su óptica ultranacionalista para atender este problema.

En el terreno de la relación con la Unión Europea, Meloni ha manifestado en el pasado ser una rígida euroescéptica, pero ha moderado su postura mientras se perfilaba como cantidad a primera ministra. En la UE se encontrará con facciones de gobiernos progresistas, socialdemócratas y centristas, con gobiernos como el de España, Francia o Portugal, y con los que podrían ser sus aliados de derecha y ultraderecha, como Polonia o Hungría.

“El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, es un aliado muy importante para Meloni, no solamente desde lo ideológico, sino también por los valores ultraconservadores que defienden. A nivel europeo esto puede ser un polo interesante de discusión con la UE”, dijo a BBC el analista político Franco Delle Donne, creador del podcast La Epidemia Ultra.

“Esto puede crear una especie de oposición interna dentro de la UE, pero al mismo tiempo va a estar condicionada por todos los fondos que recibe Italia, sobre todo, si se tiene en cuenta el antecedente de la sanción que recibirá Hungría si no se mantiene en línea con la UE”, agrega.

Respecto a la relación con la Organización del Tratado Atlántico Norte y la guerra en Ucrania, Meloni deberá definir cuál será la postura de su administración, justo en el momento en que Putin prepara su ejército para arremeter luego de sucesivos retrocesos contra las fuerzas ucranianas.

Si bien es una defensora de la OTAN, también ha mostrado admiración por Putin, un predicamento político que deberá despejar antes de arrancar con su política exterior. Deberá negociar con Salvini si se mantienen o no las sanciones impuestas por Italia sobre Moscú, ya que él ha sido crítico de estas acciones diplomáticas. El tercero de este triunvirato derechista, Silvio Berlusconi, ha fluctuado de un lado a otro en su postura. La cara visible del partido, Antoni Tajani, trató de despejar las dudas: “No hay nada de qué preocuparse. Ni Salvini ni Meloni están contra Europa ni a favor de Rusia”.

FUENTE: LaRed21